Anomalías físicas
Cambios en humanos bajo la lluvia de lágrimas.
Informe del Consejo
Día 29, quinta luna, ciclo 610 d.u.
Tras la derrota de las fuerzas del reino en una campaña al sur de Nie, el emisario Chacón accedió a un campamento de guerra junto al magíster Auron, la corte del rey Tedyseo, varios nobles implicados en la financiación de la operación y la guardia personal de la corona.
El propósito declarado de la visita era comunicar la llegada inminente de dos legiones completas procedentes de Varyn para realizar el tan esperado relevo.
El propósito real era otro: el rey Tedyseo había decidido acudir en persona ante la Legión II de Perky-Nie, desplegada en aquel desierto durante tanto tiempo. Que el propio monarca se desplazara hasta una zona activa de conflicto no tiene precedente.
La intención era clara: sostener la moral de una legión que llevaba demasiado tiempo sosteniendo sola el frente. Sin embargo, la situación hallada en el campamento aportó información de mayor relevancia para la presente investigación.
Entre los supervivientes de la retirada se interrogó a un cabo del ejército perkyniano que había logrado escapar del enfrentamiento junto a parte de su escuadra.
Su testimonio coincide de forma significativa con otros registros previamente conservados por este archivo: en particular, con el relato del emisario Chacón sobre la Batalla del Acantilado, el relato de Jey Pyece en las islas centrales y con ciertas referencias indirectas aparecidas en documentos marítimos vinculados al norte y al este del mundo conocido.
Según el testigo, el inicio del combate resultó favorable a las fuerzas del reino. Las líneas resistían, la caballería mantenía la presión y la superioridad táctica parecía suficiente para sostener el avance. La situación cambió de forma brusca en el momento en que comenzó una intensa caída de lágrimas sobre el campo de batalla.
El detalle relevante no es únicamente la coincidencia atmosférica. Es el cambio inmediato observado en la capacidad física por parte del enemigo.
El testigo describe a los combatientes del este como hombres delgados, mal equipados y de apariencia agotada en los momentos previos al enfrentamiento.
Tras el inicio de la lluvia, ese mismo grupo ejecutó acciones incompatibles con las capacidades ordinarias de un cuerpo humano: derribaron caballos de guerra con una violencia desproporcionada, rompieron formaciones armadas sin mostrar agotamiento visible y abatieron soldados entrenados mediante golpes únicos, dirigidos con precisión al pecho, al cuello o a las articulaciones. El incremento fue simultáneo en muchos de ellos, y el testigo lo sitúa en el momento exacto en que las lágrimas comenzaron a caer.
Debe subrayarse que el testimonio no atribuye estos cambios a fervor religioso, ni a ninguna estrategia militar identificable. No hubo señal de mando. No hubo preparación visible. El cambio fue súbito, colectivo y coincidente con el fenómeno atmosférico.
A este primer elemento se sumó un segundo, igualmente relevante: la llegada de refuerzos organizados, equipados con armaduras sin emblema ni filiación visible.
El testigo distingue con claridad entre los combatientes del primer grupo y esta segunda formación, de carácter disciplinado y coordinado.
La distinción sugiere una operación de mayor envergadura y mejor estructurada de lo que el reino ha reconocido públicamente hasta ahora.
Considerando la coincidencia entre este registro y los documentos anteriores conservados por el Consejo, se establece con carácter provisional la siguiente hipótesis de trabajo:
La caída de lágrimas guarda una relación directa con episodios de incremento físico anómalo en determinados individuos, producido por contacto, proximidad o exposición al fenómeno, mediante un mecanismo aún no comprendido.
No se dispone de pruebas suficientes para determinar la naturaleza exacta de esta relación ni para identificar qué condiciones determinan qué individuos se ven afectados. Sin embargo, la repetición del patrón en fuentes independientes y escenarios distintos impide seguir clasificándolo como exageración de campaña, superstición o distorsión del testimonio bajo estrés de combate.
Se recomienda continuar la recopilación de testimonios militares, contrastar registros atmosféricos de las zonas afectadas y localizar cualquier referencia histórica o documental que vincule las lágrimas con alteraciones físicas en seres humanos.
El fenómeno cumple los criterios mínimos para su tratamiento como materia de investigación formal.
Fuente: Testimonio de Filypo Martín, cabo de la Legión II de Perky-Nie. Relatado al emisario Chacón en un campamento militar al sur de Nie. Transcrito posteriormente para su conservación en el Archivo del Consejo.
Firmantes del documento: Chacón Ruby, Aemege Pyece

