¿Cuál es el origen del cielo?
Las estrellas guardan silencio.
Diario de Aemege
Día 17, Tercera Luna del año 610 d.u.
He consagrado mi vida a buscar respuesta a una pregunta que un hombre sabio me hizo poco antes de abandonar este mundo:
¿De dónde procede, en realidad, la vida?
Mis padres rendían culto a las estrellas, como hace la mayoría de los hombres y mujeres de este mundo.
Siempre he pensado que creer en aquello que carece de explicación es la forma más sencilla de dar nombre a lo que nuestra mente no alcanza a comprender.
Mas hay algo en mi interior que rehúsa aceptar tal respuesta.
Si en este mundo acontecen tantas cosas; si existen prodigios y fenómenos que nadie alcanza a explicar, entonces algún rastro debe de haber quedado en alguna parte.
Datos. Registros. Vestigios de algo que se perdió con el paso de los siglos.
Las preguntas continúan siendo las mismas:
¿Qué son las lágrimas?
¿De dónde proceden?
¿Por qué nadie sabe qué ocurrió antes de la Unificación del Imperio?
¿Dónde reposan los registros de aquellos siglos olvidados?
Resulta inquietante que un mundo capaz de alzar ciudades, ejércitos y reinos enteros conserve tan escasa memoria de aquello que lo precede.
Antes de morir, aquel anciano me confió más información de la que jamás habría esperado recibir.
Habló durante largas horas.
De documentos dispersos.
De registros incompletos.
De textos que nunca concordaban entre sí.
Decía que los seres humanos somos lo bastante coherentes como para convencernos de cualquier mentira… y lo bastante simples como para abrazar cualquier creencia que alivie el peso de nuestras dudas.
Estas últimas semanas he revisado diversos archivos en la ciudad de Nie.
Entre ellos he hallado algunos documentos verdaderamente dignos de atención.
Muchos de los registros mencionan fenómenos que hoy serían considerados simples rumores.
Lluvias de fuego en el cielo.
Hombres capaces de alterar aquello que, según todo conocimiento aceptado, debería permanecer ajeno a cualquier cambio.
Fragmentos de metal que caían desde las estrellas.
En varios de esos textos aparecía una misma palabra repetida con inquietante insistencia.
Lágrimas.
Según parece, existió una orden.
O tal vez un consejo.
Un grupo de hombres dedicados a hacerse las mismas preguntas que ahora me atormentan.
Mas los registros se contradicen.
Algunos hablan de una organización concreta.
Otros sugieren que no eran sino grupos dispersos, reunidos en distintos lugares y en diferentes momentos de la historia.
Sea cual fuere la verdad, parece claro que no soy el primero en intentar comprender estas cosas.
Mañana partiré de regreso a Perky.
Allí vive un hombre que, tal vez, muestre interés por estas conclusiones.
Un viejo soldado de la corte que presenció acontecimientos difíciles de explicar durante la última campaña.
Si las piezas encajan, como sospecho, quizá por fin podamos comenzar a reconstruir lo que en verdad aconteció.
Aemege Pyece 🪶
Fuente: Páginas del diario personal de Aemege (entrada original)

