House of the Dragon. ¿ÉXITO O FRACASO?
El precio de empezar.
Este domingo vuelve House of the Dragon. Y te prometo dos cosas: cero spoilers, y que al final de este post no estaremos hablando de dragones.
Si te has leído el tocho de Fuego y sangre, ya lo sabes: las tres temporadas actuales de la serie cubren los acontecimientos desde la sucesión del rey Jaehaerys I hasta la guerra civil de la casa Targaryen, que coinciden, casualmente, con la mitad del libro.
Y en mi opinión, la mejor parte. Por muchas razones: te hace ser uno más de la familia del dragón. Te obliga a posicionarte en un bando. Te muestra el precio que se paga por el poder. Te ofrece los mejores momentos de acción. Y todo se sostiene sobre lo más sencillo y humano que existe: el miedo, la traición y el amor.
También es la parte con más ritmo. Pasan cosas en cada párrafo, y el final de la danza de los dragones tiene esa AURA que te recuerda a los grandes momentos de la fantasía. “¡No puedes pasar!”. “¡Vida antes que muerte!”. Y tantos otros.
Entonces, ¿ÉXITO O FRACASO?
Para responder eso, déjame llevarte un momento a la obra magna de George R. R. Martin. Canción de hielo y fuego. Juego de Tronos para los amigos.
Pregunta sincera: ¿qué opinas del primer capítulo? Da igual libro o serie.
Si eres de los que consiguió el título de explorador en World of Warcraft, salvó a Ciri en The Witcher o se comió palos en Dark Souls sin rendirse, tienes la skill de la paciencia subida al máximo nivel. Así que te metiste la temporada uno entera sin pestañear o te leíste el primer libro en una tarde.
Pero para el resto de los mortales, hay que reconocerlo: el primer libro de Juego de Tronos se pone interesante más o menos a la mitad.
Menuda coincidencia, ¿no?
¿Significa eso que uno de los escritores más prestigiosos del mundo no tiene ni idea de empezar una historia?
Pongamos el ejemplo contrario.
¿Qué opinas del prólogo y el primer capítulo de El camino de los reyes, de Brandon Sanderson
Seguramente lo mismo que todo el mundo. Te quedaste fascinado con esa entrada al Archivo de las Tormentas. Y aunque la parte central se pone densa, aguantas más que con cualquier otro libro, porque ya has desbloqueado la magia de EMPEZAR ALGO.
Y esa magia funciona así: cuando inicias algo nuevo, firmas un compromiso contigo mismo. Si no llegas al final, te estás fallando. Aunque solo sea terminar un libro. Y claro, nadie quiere fallarse a sí mismo.
(Que conste que si no te gusta, lo dejas y punto. No pasa nada.)
Sigamos tirando del hilo.
¿Quién no ha ido a ver Fast and Furious 15 —o la 104, ya he perdido la cuenta— solo porque es Fast and Furious, un clásico de cuando eras un jovenzuelo cani, y porque te cae bien Toretto?
Con House of the Dragon pasa algo parecido. Igual ni siquiera te enamoró la temporada anterior. Pero, ¿cómo no le vas a dar una oportunidad?
Por el rey en el Norte. Por la Horda. Por Narnia.
Ahora mira estos dos datos:
Canción de hielo y fuego se publicó en 1996.
El camino de los reyes, en 2010.
Catorce años de diferencia. Odio las comparaciones, pero esta nos viene como anillo al dedo. “Señor Frodo”.
¿Cómo cambia el mundo en catorce años? ¿Qué cambia en el lector de fantasía en más de una década?
Muchas cosas. Te pongo una. En 2004, durante los años dorados de World of Warcraft, un jugador normal le metía unas 30 horas a la semana. FÁCIL. Hoy, si llega a 10 es porque ha pillado dos días libres en el curro.
¿Qué quiero decir con esto?
Que estamos en un momento de la historia en el que lo queremos todo para ya. Para ayer, si puede ser. Vamos cortos de tiempo, con la agenda llena.
Si un reel no te engancha en el primer segundo, NEXT.
Si un libro no te gusta en el capítulo uno, NEXT.
Si una serie tiene un primer capítulo flojo, o lento, ya ni siquiera es NEXT. Es BYE BYE.
Por eso, entre otras muchas razones, George R. R. Martin escribió Canción de hielo y fuego para una generación más paciente. Más PRESENTE. Lo que el mundo necesitaba entonces.
No digo que la de ahora no lo esté. Digo que las personas de hoy, con las vidas de hoy, necesitan otras cosas. Y me incluyo: soy bastante impaciente.
Entonces, ¿ÉXITO O FRACASO?
Antes de cerrar, déjame mirarlo desde otro ángulo. Uno que me tocó de cerca escribiendo mi primera novela.
La idea que tenía era clarísima. Quería plasmar, en una novela de mi género favorito, una sola cosa: la importancia de contar historias.
¿Por qué?
Porque mientras estamos vivos, hay una historia que late y crece dentro de nosotros. Pero cuando morimos, se va. Desaparece.
A no ser que la hayamos contado. O escrito.
En mi caso, lo que ocurrió fue esto.
Mi padre, Miguel, falleció en un accidente de camión en Alemania. Muy lejos de casa. Se fue sin despedirse.
Y lo peor no fue ese día. Lo peor vino después, cuando el tiempo dejó un vacío enorme y empezaron las preguntas. ¿Cuál era su historia? ¿Por qué nadie sabía nada de su vida?
La respuesta fue casi más dura que la pérdida.
¿Acaso alguien le preguntó algo?
De esa última pregunta nació El precio de las lágrimas.
Y lo curioso es que lo primero que tuve claro fue el final. Sabía perfectamente cómo terminaba la novela. El problema era el resto: ¿cómo llegar hasta ahí?
El primer borrador no estuvo mal, pero fallaba algo. El segundo, mejor, pero no funcionaba. El tercero, más de lo mismo. El cuarto por fin encajaba todas las piezas del puzle. Aunque tuve que retocar, una vez más, el mismo fallo que arrastraban los cuatro intentos.
Adivina cuál.
EL INICIO DE LA HISTORIA.
Lo más difícil de todo el proceso. Para mí, en esa primera vez fue:
EMPEZAR.
¿Cuántas veces miraste en Google Maps el gimnasio más cercano para apuntarte?
¿Cuántas veces dijiste que ibas a empezar One Piece y, al ver la barbaridad de capítulos, te echaste atrás?
¿Cuántas metas te marcaste en enero y cuántas empezaste?
¿Cuántas veces dijiste “este año empiezo a escribir” y sigues posponiéndolo?
Cada vez que me enfrentaba a empezar la historia, o empezar la corrección, o empezar el siguiente borrador, me venían días y semanas de bloqueo.
¿Por qué el inicio de algo es tan difícil?
Vamos a profundizar un momento. ¿Qué es difícil?
Difícil viene del latín difficĭlis, justo lo contrario de facilis. Este dato en sí, ya me deja una sensación rara en el cuerpo: ¿no existía lo difícil? ¿Todo era fácil antes? ¿Nos lo inventamos para complicarnos la vida?
Entiendo entonces que difícil es la distancia entre las expectativas y lo que acaba ocurriendo. Es todo aquello que nos saca de la comodidad. Es la fricción necesaria para el cambio.
Y de ahí saco la única conclusión que importa:
LO DIFÍCIL NO ES LA TAREA EN SÍ. ES TU RESISTENCIA A EMPEZARLA.
¿Y cómo se vence esa resistencia?
Te cuento lo que a mí me funcionó después de muchos meses posponiendo. Y no fue fuerza de voluntad.
Con el tercer borrador me tiré varias semanas, diciéndome “mañana me pongo”. Y mañana no llegaba nunca. Hasta que hice algo muy simple: contacté con una correctora y le pedí una fecha de entrega. Me la dio. Y de golpe el asunto dejó de ser mío. Había alguien al otro lado esperando, y un día marcado en rojo.
La postergación se evaporó. La urgencia ocupó su lugar.
Y ahí caí en algo: el compromiso contigo mismo es fácil de romper, no te ve nadie. El que haces con otra persona, con una fecha real, ese te arrastra aunque no quieras.
Pero déjame confesarte algo sobre las fechas tope.
Hay una que no eliges tú. No la pone una correctora, ni un editor, ni tú en el calendario. Llega sola, y casi nunca avisa.
Mi padre no eligió la suya. Se le acabó el tiempo y su historia se fue con él, sin que nadie se la preguntara nunca. Por eso escribo. Por eso, al final, empecé. Porque la única forma de que una historia no muera contigo es contarla antes de que se acabe el tiempo.
Y esa es la fecha tope de verdad. La que deberías tener marcada en rojo cada vez que dices “este año empiezo a escribir” y lo dejas para el siguiente.
Así que sí. Ahora ya puedo responderte.
House of the Dragon es un ÉXITO rotundo. Y no lo digo por la serie, ni por el inicio de temporada. Lo digo porque un día cualquiera, un señor llamado George R. R. Martin decidió INICIAR UNA HISTORIA. Firmó un compromiso consigo mismo y con sus lectores. Y de ese inicio salió todo lo demás.
Te dije que no acabaríamos hablando de dragones.
Ahora solo queda esperar que a ese señor le dé tiempo de terminar la suya. Vientos de invierno lleva demasiado esperando… pero esa, ya sabes, es otra historia.
Gracias por leer.
Alberto.


Hora de empezar! Gracias crack