La Odisea de Substack.
Vuelvo a casa.
Esta es mi última carta desde aquí
Substack ha sido un tramo precioso de mi viaje.
Aquí aprendí a escribir cartas. Aquí muchos me leísteis por primera vez. Aquí conocí a personas que probablemente no habría conocido de ninguna otra forma.
Pero toda odisea termina de la misma manera: con un regreso.
Odiseo tardó veinte años en volver a Ítaca y no regresó siendo el mismo. Yo he tardado bastante menos, pero también vuelvo cambiado. Y con algo muy claro: me gusta escribir, pero no por obligación, no para alimentar un algoritmo y tampoco por el mero hecho de acumular suscriptores que quizá nunca lleguen a leerme.
La razón principal es sencilla: no me da la vida para todo.
Estoy completamente volcado en mi segunda novela y, entre escribirla y ganarme la vida, me queda el tiempo justo. Por eso he decidido concentrar mis esfuerzos en el lugar que más me ha aportado durante este último año: YouTube. Allí continuaré aprendiendo, compartiendo y enseñando todo lo que vaya descubriendo por el camino.
Y como, por suerte, también me gusta hablar bastante, este viaje todavía tiene muchas historias por delante.
Seguiré hablando en YouTube y volveré a escribir en mi propia web, mi nueva casa, cuando el cuerpo me lo pida. Sin algoritmos cantándome al oído. Sin sentir que debo publicar por publicar.
Vamos, que simplemente cambio de puerto.
La decisión terminó de asentarse esta semana, cuando una note absurda me trajo más suscriptores que cualquiera de las veintidós cartas que he publicado aquí.
Y eso me hizo pensar.
Substack se ha convertido, al menos para mí, en otra sección de ese enorme circo llamado atención. Para que alguien descubra tus textos, parece que primero tienes que publicar constantemente pequeñas notas, casi como si fueran historias de Instagram.
Y yo ya hago eso en Instagram.
Cuando escribo, escribo para ser leído. Para detenerme, desarrollar una idea y compartir algo que merezca vuestro tiempo. No quiero convertirlo en otra carrera por aparecer, sumar y desaparecer al día siguiente.
Por eso me bajo de este barco.
Pronto, estas cartas renacerán en mi propia web. Y, hasta entonces, continuaremos el viaje en YouTube.
Os llevo a todos conmigo en la maleta.
Gracias por haber remado un rato a mi lado.
Nos vemos en Ítaca.



Siento que te vayas, pero entiendo tus motivos. Yo también me estoy planteando si vale la pena lo que estoy haciendo aquí. En esta plataforma escribir una frase que dijo alguien es más recompensado que crear un mundo durante veinte años y escribir material original.
Espero que te vaya genial y me alegro de haberte conocido.
Un abrazo!!!