Lágrimas en el cielo.
Día 3, segunda luna, ciclo 610 d.U.
Fuente: Testimonio de Jey Pyece, marinero de una ruta comercial y hermano de Aemege. Relatado a Chacón y transcrito posteriormente por el cronista para su conservación en el Archivo del Consejo.
Había noches en el mar que uno recordaba toda la vida. No por el sonido de las olas rompiendo contra el casco del barco ni por el olor a madera mojada, sino porque las estrellas lloraban fuego sobre el mundo.
Navegábamos en una ruta comercial hacia el puerto de Carym, al este, cuando comenzó la lluvia de lágrimas. Caían del cielo con un silbido extraño: un sonido agudo que se metía en los oídos y dejaba un pitido persistente, como si el aire mismo se estuviera desgarrando.
Nuestra ruta solía bordear las islas centrales. No porque quisiéramos, sino porque era lo más prudente. En esas tierras habitaban tribus salvajes, y acercarse demasiado rara vez terminaba bien. Además, nunca se había encontrado nada de valor allí.
Hasta esa noche.
Las lágrimas cayeron sobre una de aquellas islas. Y, aunque el impacto era reciente y el terreno seguramente seguiría removido, decidimos arriesgarnos. Si algo había sobrevivido a la caída, podríamos llevarnos buen material.
El lugar era tan hermoso que resultaba confuso.
Una playa de arena cristalina se extendía frente a nosotros. Detrás, una jungla espesa ascendía por la ladera hasta un enorme pico que dominaba toda la isla.
Un volcán.
Apenas habíamos empezado a explorar la orilla cuando aparecieron los hombres de las tribus. Salieron de entre la vegetación y nos rodearon sin demasiada coordinación. No parecían especialmente diestros en combate. Iban armados con lanzas y apenas cubiertos con taparrabos.
Nuestro capitán levantó una mano y trató de mediar. Quizá podríamos evitar la sangre y llegar a algún acuerdo. Pero estaba claro que con esa gente no habría trato posible.
Antes siquiera de acercarse del todo, uno de cabello largo y negro lanzó su arma contra nosotros. Por suerte, falló.
Y con eso bastó para iniciar la trifulca.
No parecían muchos, aunque pensé que quizá habría más escondidos entre los árboles. Nuestro capitán ordenó reagruparnos hacia un lado de la playa y mandó a algunos preparar el bote, por si había que abandonar la isla.
Al final no fue necesario huir. Aunque perdimos a un compañero, conseguimos contenerlos, pero había algo extraño en ellos :a veces se movían muy rápido. Otras, en cambio, parecían torpes.
Uno de ellos me lanzó dos metros hacia atrás de una patada. Sentí el costado vibrar como si me hubieran golpeado con un martillo. Y, sin embargo, un momento después fallaba todos sus ataques, como si no supiera pelear.
Vi con mis propios ojos cómo uno de ellos desfiguró por completo el rostro de Mico con un solo puñetazo. Murió allí mismo.
Ayudé al capitán en su combate. No conseguíamos asestarle un golpe mortal a ese desgraciado. Resistía y esquivaba todo. Hasta que no logramos rodearlo entre tres no conseguimos derribarlo.
Cuando todo terminó, los conté: solo nueve hombres nos habían causado todos esos problemas.
Era evidente que algo no estaba bien en ellos. Lo noté en sus ojos. No todo el tiempo, pero cuando ese tipo me dio la patada, le brillaron. Parecían impulsados por una fuerza que no lograba comprender.
Nos acercamos al cuerpo de Mico. La mitad de su cara había desaparecido. Aquello no era obra de un simple puñetazo. Tenía que ser algo más.
Pasamos el resto del día explorando la zona: sus chozas, los alrededores de la playa y las laderas cercanas. No nos atrevimos a entrar en la jungla.
No encontramos a nadie más. Solo varias cajas llenas de seda. Fue un gran botín. Aunque, por desgracia, las lágrimas habían caído un poco más al norte de la isla.
Y abrirse paso entre la selva no sería rápido ni sencillo. Para entonces, payl ya estaría cayendo en el horizonte.
Aquella isla no era un lugar donde un hombre quisiera pasar la noche.
Regresamos al mar para mantener el pescuezo a salvo.
Aemege Pyece 🪶


Me encanta, se ha descrito perfectamente lo que cuentas con el vídeo que tienes en Instagram describiendo la escena 🙏🏼✨
El vasto mundo siempre está dispuesto a sorprender a los viajeros que lo exploran, a romperles sus marcos mentales y a grabar en sus almas la realidad de que ser humilde es la única respuesta acertada.
Jey perdió a un compañero, pero no fue solo la pérdida lo que lo marcó, fue que el ser humano que lo asesinó no parecía estar limitado por la misma naturaleza que ellos.
La mente de Jey quedaría desorientada por muchas lunas, en su viaje de vuelta, pensando que el mundo tiene lugares aterradores, lugares donde las constantes que hacen que nos sintamos estables en el mundo son ridiculizadas.
Lo que estaria pronto a aprender Jey es que este telón que cubre a la realidad con misterio y asombro no se limita a partes sin descubrir del mundo, sino que está siempre presente, acechando, llamando a cuestionar todo...
Jey, es hora de tomar la decisión más importante, como marinero te has aventurado en zonas no exploradas y mucho menos cartografiadas. Pero ahora, el camino te lleva a una ruta que ningún mapa hecho por mano del hombre podría trazar ¿Qué decisión es la que tomarás?
Como siempre, el Acta de Fundación, de los valientes en el alma, nos da esa respuesta...