La casa Jorenth
Día 23, quinta luna, ciclo 610 d.U.
Diario de Aemege
En la mañana de hoy, mientras tomaba mi infusión de hierbas con siral en una de las grandes mesas del Archivo de Perky y revisaba un tratado sobre las estrellas y el firmamento, recibí una visita inesperada.
Se trataba de una mujer morena, de baja estatura y de unos treinta ciclos de edad. Vestía un atuendo azul propio de la corte, demasiado ostentoso para quien acude a este lugar sin un propósito definido. Tomó asiento frente a mí, apoyó los antebrazos sobre la mesa y fijó su mirada en la mía, como si aguardase una reacción.
Me levanté sin demora, hice una leve reverencia y le ofrecí los buenos días.
No se movió. Asintió apenas y me indicó que tomara asiento.
Acto seguido, pronunció mi nombre como si nos conociéramos, lo cual no era cierto.
Sin más preámbulo, preguntó por la carta y por mi visita a la casa de banca Varylo número seis.
Sus palabras me dejaron sin aliento.
Lo primero que acerté a decir fue el nombre del emisario.
—¿Chacón Ruby?
Admitió haber sido ella quien le hizo llegar la carta. Declaró necesitar información, pero sin exponerse. Afirmó formar parte de la corte del rey Tedyseo, al igual que el emisario, a quien dijo conocer bien.
Me pidió cautela. Insistió en la necesidad de mantener esta visita en la más estricta confidencialidad.
Después, solicitó que le relatara todo cuanto aconteció durante mi visita a la casa de banca.
Si nadie conoce los detalles de la investigación que el emisario y yo llevamos a cabo, ¿cómo es posible que esta mujer disponga de tal información?
¿Acaso es aliada de Chacón?
De ser así, cabría esperar que él me hubiese advertido.
Le pedí su nombre y la naturaleza de sus intenciones.
Entonces extrajo un emblema de su túnica y lo depositó sobre la mesa.
El sonido del metal al golpear la madera, unido al tono bajo de nuestra conversación, llamó la atención de los estudiosos del Archivo, quienes nos instaron a continuar en otro lugar.
Mientras observaba la insignia —una jota atravesada por tres líneas perpendiculares—, nos retiramos a la sala que el emisario y yo empleamos para el análisis de la investigación.
Hacía más de una semana que no regresaba a aquel espacio, aún cubierto de documentos y libros abiertos sin respuesta. El emisario partió hacia el sur de Nie poco después de encomendarme la visita a la casa de banca, debido a asuntos urgentes, y aún no ha regresado a la ciudad.
Cerré la puerta y procedí a presentarme formalmente.
Ella hizo lo propio.
Dijo llamarse Maelia Jorenth, heredera de la casa Jorenth.
Su padre llevaba enfermo un ciclo completo, motivo por el cual ella había asumido el control de la casa.
En aquel instante no comprendí la magnitud de tal afirmación. No fue hasta más tarde, tras indagar por mi cuenta, cuando entendí que me hallaba ante la familia más rica e influyente del reino, incluso por encima de los Varylo y del propio rey.
Me ofreció su influencia. Acceso y libertad de movimiento durante la investigación.
A cambio, solo pidió una cosa: información.
Añadió que llevaba siguiendo nuestros movimientos desde el primer encuentro. Según explicó, en las grandes casas se observa con atención cada paso de los miembros de la corte, y el emisario había despertado más sospechas de las que convienen.
Dijo también haber tenido conocimiento de sus intenciones, y que estas no diferían de las suyas: descubrir qué estaba ocurriendo.
Por ello, afirmó necesitar a personas como nosotros, y que, por el momento, había decidido depositar su confianza en mí.
Por un momento dudé. Habría sido prudente esperar el regreso del emisario.
Pero el tiempo escasea.
Le pedí entonces que expusiera con claridad sus necesidades.
Deseaba acceder a determinados almacenes y estructuras de la casa Varylo. Su intención era introducir la seda que su casa transporta desde diversos territorios, con el fin de observar qué uso se le da, dónde se almacena y cómo es posible que se paguen tales cantidades por ella.
Me ofreció cuantos recursos fueran necesarios para llevar a cabo la tarea. Solo exigió discreción.
A continuación, estableció varios puntos:
Nos reuniríamos en esta misma sala cada siete días para informar sobre los avances.
El emisario Chacón, afirmó, es un hombre valioso, pero si continúa actuando de ese modo en la ciudad, terminarán con él, como han hecho con otros.
Ya había enviado mensajeros de confianza al taller de tejidos de Maravy, en la ciudad del mar.
Y, finalmente, reveló lo más inquietante:
El rey Tedyseo y la casa Varylo llevan años reuniéndose en secreto, sin conocimiento de la corte.
Aseguró que se pondrá en contacto con el emisario para concertar un encuentro formal entre los tres.
Sostiene que necesita a personas como nosotros para comprender la magnitud de lo que está ocurriendo.
Según sus palabras, algo de gran alcance se está poniendo en movimiento.
Algo que escapa a nuestra comprensión.
Y que tiene lugar aquí, en esta ciudad.
Aemege Pyece 🪶
Fuente: Páginas del diario personal de Aemege (entrada original)

